Nicolas Cage en “Los tramposos”
“Los tramposos” (2003) 120 Minutos
Comedia
Roy: Nicolas Cage
Frank Mercer: Sam Rockwell
Angela: Alison Lohman
Dirigida por Ridley Scott
Nicolas Cage es un actor cuya técnica durante mucho tiempo consistía en entreabrir los ojos y la boca, mirar al horizonte telenovelescamente y aparentar profundidad. En cintas como Con Air, Hombre de familia, Cara contra cara y 8 mm, Cage intentaba ser minimalista en sus movimientos, dejando que su cara cayera hacia abajo y que el tintineo de sus ojos actuara por él.
Salvo un grupo muy selecto de actores natos, nacidos fotogénicos (un John Wayne o Clint Eastwood por ejemplo) esta es una técnica que tiende al fracaso. Inclusive los actores que tienden al naturalismo como Marlon Brando o Johnny Depp, que utilizan “el método” - recordando sensaciones de su vida similares a las que requieren en escena – trabajan mucho para proyectar una cierta emoción, aún en las escenas donde no dicen nada. Cage se veía falso, hueco, obvio.
En El ladrón de orquídeas y en la recién estrenada Los tramposos, Nicolas Cage permite que lo revaloremos como actor.
Son dos actuaciones que incuestionablemente mejoran las dos películas, porque al terminar, a nosotros como espectadores nos importa el camino que han recorrido sus personajes, no nos son indiferentes.
Nicolas Cage deja atrás sus movimientos corporales cliché que hemos visto en sus otras películas. Son los pequeños detalles los que conforman a un personaje y en Los tramposos es la naturalidad con la que Cage saca los cigarros de la bolsa y se los fuma, la manera en la que camina, la despreocupación de un actor que ya no esta pensando en el guión ni en la dirección, sino en ser el personaje.
Los ojos tristones de Cage ya no están vacíos, hablan de una cierta madurez, de una experiencia real, no actuada. La película, que trata las relaciones de un estafador con su hija de catorce años, adquiere una profundidad emocional gracias a esta actuación. Esto permite que al acabar la película esta no se evapore, y que continúe afectándonos mucho después de haber abandonado la sala .
Comedia
Roy: Nicolas Cage
Frank Mercer: Sam Rockwell
Angela: Alison Lohman
Dirigida por Ridley Scott
Nicolas Cage es un actor cuya técnica durante mucho tiempo consistía en entreabrir los ojos y la boca, mirar al horizonte telenovelescamente y aparentar profundidad. En cintas como Con Air, Hombre de familia, Cara contra cara y 8 mm, Cage intentaba ser minimalista en sus movimientos, dejando que su cara cayera hacia abajo y que el tintineo de sus ojos actuara por él.
Salvo un grupo muy selecto de actores natos, nacidos fotogénicos (un John Wayne o Clint Eastwood por ejemplo) esta es una técnica que tiende al fracaso. Inclusive los actores que tienden al naturalismo como Marlon Brando o Johnny Depp, que utilizan “el método” - recordando sensaciones de su vida similares a las que requieren en escena – trabajan mucho para proyectar una cierta emoción, aún en las escenas donde no dicen nada. Cage se veía falso, hueco, obvio.
En El ladrón de orquídeas y en la recién estrenada Los tramposos, Nicolas Cage permite que lo revaloremos como actor.
Son dos actuaciones que incuestionablemente mejoran las dos películas, porque al terminar, a nosotros como espectadores nos importa el camino que han recorrido sus personajes, no nos son indiferentes.
Nicolas Cage deja atrás sus movimientos corporales cliché que hemos visto en sus otras películas. Son los pequeños detalles los que conforman a un personaje y en Los tramposos es la naturalidad con la que Cage saca los cigarros de la bolsa y se los fuma, la manera en la que camina, la despreocupación de un actor que ya no esta pensando en el guión ni en la dirección, sino en ser el personaje.
Los ojos tristones de Cage ya no están vacíos, hablan de una cierta madurez, de una experiencia real, no actuada. La película, que trata las relaciones de un estafador con su hija de catorce años, adquiere una profundidad emocional gracias a esta actuación. Esto permite que al acabar la película esta no se evapore, y que continúe afectándonos mucho después de haber abandonado la sala .

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