jueves, diciembre 11, 2003

De las profundidades del río Mystic

Puertas que se cierran, pasos de alguien que corre, un golpe, el viento, estos son los sonidos con los que comienza Río Místico, la nueva película de Clint Eastwood. Efectos auditivos que causan una pesadumbre, opresivos, que provocan que sintamos que algo siniestro va a ocurrir; atrayéndonos y chupándonos a lo más profundo del drama.

Río Místico es una película que realmente no esperaba de Eastwood, me sorprendió mucho. En el pasado el director nos ha presentado trabajos muy competentes pero nada verdaderamente espectacular, nada como esta película, un trabajo que logra la difícil tarea de construir personajes creíbles al mismo tiempo que desarrolla un misterio y un melodrama trágico de grandes profundidades. Lo que podría haber sido una historia muy mundana, contada con el tipo de efectitis que ahora predomina en el cine (una edición de picadillo, narración no secuencial) o con un estilo lacrimoso, donde todos los personajes logran sobrellevar sus adversidades telenovelescamente, termina siendo una cinta de gran resonancia que adquiere más y más significados cada vez que se ve.

Los personajes comienzan siendo poco menos que estereotipos: Tim Robbins, el niño dañado que se convierte en un hombre al borde del ostracismo, Sean Penn, el padre sediento de venganza por la muerte de su hija y Kevin Bacon, el hombre frío, el policía cansado de violencia y asesinatos que ya no puede más. La genialidad de la película es que toma estos tres individuos y los va construyendo pieza por pieza, revelando a cuentagotas quienes son y qué piensan, agregándoles múltiples dimensiones, convirtiéndolos en seres reales. Cada dato una especie de bloque de Lego que al final forma una construcción inesperada pero lógica.

La dirección de Eastwood es certera, pausada, sabe que tiene un gran guión y tremendos actores y a ambos los deja desarrollarse como es debido sin carrerearlos. Es una meditación sobre la culpa y la venganza, una cinta adulta, sincera, que nos llena de emoción e ideas. Es indiscutiblemente la mejor película de Clint Eastwood, y una de las mejores del año.