Las peligrosas vidas de los monaguillos
Es curioso como ciertas experiencias son universales. En la película Historias fantásticas situada en una secundaria de Estados Unidos en los setentas, hay una escena donde suena una campana para señalar el fin de clases. Este es un detalle anónimo y perdido, pero en ese instante recordé (y vi a los personajes experimentar) ese sentido de libertad tan poderoso que me venía cada vez que oía ese sonido que marcaba diariamente el fin del cautiverio escolar. También está la clásica escena de los maestros odiosos que no entendían que uno tenía otras prioridades más importantes y trascendentes, que aprender las reglas de los ángulos de los triángulos; y el ya también clásico regaño, repleto de perogrulladas y clichés, en el cual uno intentaba suprimir las ganas de reír. Estos son los detalles que la película capta bastante bien, aún y cuando las travesuras de nuestros anti-héroes lleguen a ser poco creíbles, y es lo que la hace interesante y entretenida.
Historias fantásticas sufre el defecto de no saber como manejar el ritmo de la trama: la transición de la comedia al drama, de las travesuras a temas más pesados, resultando en una película algo dispareja. Pero pese a estas objeciones, resulta ser una respetable entrada para el director primerizo Peter Care, y una película clave para entender la carrera de Kieran Culkin (hermano de Macaulay) quien con esta cinta y Las locuras de Igby se está perfilando como uno de los actores más interesantes y completos de su generación, así como un símbolo para los jóvenes alienados.
Historias fantásticas es una película de juventud, que retrata bastante bien el adolecer de la adolescencia, ese momento donde uno se siente fuera de la sociedad y desea vivir al margen de ella. También es una cápsula del tiempo de los setentas, que demuestra convincentemente, que los diseñadores industriales y modistas de esa época eran seres de otro planeta.
Historias fantásticas sufre el defecto de no saber como manejar el ritmo de la trama: la transición de la comedia al drama, de las travesuras a temas más pesados, resultando en una película algo dispareja. Pero pese a estas objeciones, resulta ser una respetable entrada para el director primerizo Peter Care, y una película clave para entender la carrera de Kieran Culkin (hermano de Macaulay) quien con esta cinta y Las locuras de Igby se está perfilando como uno de los actores más interesantes y completos de su generación, así como un símbolo para los jóvenes alienados.
Historias fantásticas es una película de juventud, que retrata bastante bien el adolecer de la adolescencia, ese momento donde uno se siente fuera de la sociedad y desea vivir al margen de ella. También es una cápsula del tiempo de los setentas, que demuestra convincentemente, que los diseñadores industriales y modistas de esa época eran seres de otro planeta.

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