Viejos los cerros...
Alguien tiene que ceder es una comedia romántica que examina el tema del romance entre parejas de distintas generaciones. La cinta quiere mostrar cómo cada quien debe de tener una pareja (y de cierta manera un estilo de vida) acorde a su edad. Contando los enredos y triangulaciones de dos parejas disparejas Harry Sanborn (Jack Nicholson) con Marin (Amanda Peet) y Erica Barry (Diane Keaton) la madre de esta, con el joven doctor Julian Mercer (Keanu Reeves). Es una película ligera que tiene pretensiones de ser por momentos una lección de moral, mediante una crítica a este tipo de uniones. Argumentación que sufre de entrada por ser un tanto rígida y dogmática, descalificando categóricamente que estas relaciones puedan funcionar.
Quizás sea una noción sentimental de mi parte pero a mi gusto el problema de las relaciones no es la edad, es el amor. Si entre los protagonistas existe una diferencia de treinta años como lo hay entre Harry y Marin, pero se tienen un verdadero afecto ¿qué tiene de malo que emprendan una relación afectiva? Si ya de por sí es difícil encontrar alguien a quien amar y alguien que nos ame ¿además le vamos a estar poniendo trabas a la persona que nos completa como seres humanos? Lo reitero, el problema es la superficialidad de las relaciones, no la edad. Esta es la razón por la cual les sugiero que sí ven la película, cuando el tema salga a discusión pongan sus cerebros en neutral, porque el argumento al tratarlo de esta manera se desmorona. Inclusive resulta un tanto hipócrita la selección de Nicholson como protagonista dada su muy pública reputación de Don Juan.
Si esto fuera el único elemento de la película, no me molestaría ni en reseñarla pero la verdad sería deshonesto de mi parte no admitir que me reí como enano durante casi todos los 128 minutos de celuloide. La sala, por ser domingo estaba naturalmente llena, y desde el principio uno sentía como la gente estaba lista para entregarse a la cinta; las olas de carcajadas y risas entrecruzando el auditorio con facilidad. Ayuda mucho que Nicholson y en especial Diane Keaton estén magníficos, mostrándose lo suficientemente relajados y naturales al habitar sus personajes, como para hacerle pensar a uno que sería bonito si fueran pareja en la vida real - en pocas palabras tienen química. El guión también se beneficia de poseer buenos diálogos, que es a fin de cuenta lo que importa en estas películas donde ya sabemos que va a pasar al final, y una dirección competente. Y es por esto que Alguien tiene que ceder logra trascender el sermoneo poco sutil que muchas veces infecta a las producciones de Hollywood, y resulta ser una agradable película para esos fines de semana de total ociosidad.
Quizás sea una noción sentimental de mi parte pero a mi gusto el problema de las relaciones no es la edad, es el amor. Si entre los protagonistas existe una diferencia de treinta años como lo hay entre Harry y Marin, pero se tienen un verdadero afecto ¿qué tiene de malo que emprendan una relación afectiva? Si ya de por sí es difícil encontrar alguien a quien amar y alguien que nos ame ¿además le vamos a estar poniendo trabas a la persona que nos completa como seres humanos? Lo reitero, el problema es la superficialidad de las relaciones, no la edad. Esta es la razón por la cual les sugiero que sí ven la película, cuando el tema salga a discusión pongan sus cerebros en neutral, porque el argumento al tratarlo de esta manera se desmorona. Inclusive resulta un tanto hipócrita la selección de Nicholson como protagonista dada su muy pública reputación de Don Juan.
Si esto fuera el único elemento de la película, no me molestaría ni en reseñarla pero la verdad sería deshonesto de mi parte no admitir que me reí como enano durante casi todos los 128 minutos de celuloide. La sala, por ser domingo estaba naturalmente llena, y desde el principio uno sentía como la gente estaba lista para entregarse a la cinta; las olas de carcajadas y risas entrecruzando el auditorio con facilidad. Ayuda mucho que Nicholson y en especial Diane Keaton estén magníficos, mostrándose lo suficientemente relajados y naturales al habitar sus personajes, como para hacerle pensar a uno que sería bonito si fueran pareja en la vida real - en pocas palabras tienen química. El guión también se beneficia de poseer buenos diálogos, que es a fin de cuenta lo que importa en estas películas donde ya sabemos que va a pasar al final, y una dirección competente. Y es por esto que Alguien tiene que ceder logra trascender el sermoneo poco sutil que muchas veces infecta a las producciones de Hollywood, y resulta ser una agradable película para esos fines de semana de total ociosidad.

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