miércoles, marzo 03, 2004

Elegía para un mundo comunista

Adiós a Lenin es una dulce comedia sobre el fin de la Guerra Fría, la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania. La trama es deliciosamente sencilla: La madre de Alexander Kerner, devota comunista, se desvanece en un coma meses antes de la caída del muro. Cuando finalmente despierta, todo en lo que ella creía se ha derrumbado y los doctores temen que el golpe emocional ponga en riesgo su vida. Para salvarla, Alexander decide ocultarle la verdad construyendo alrededor de su pequeño departamento un facsímile de la derrumbada república comunista, llegando a reciclar productos que han desaparecido del mercado y trucando hasta el noticiero de la televisión.

Es una cinta indispensable porque a más de una década de la gestación de estos sucesos, uno tiende a ver este penoso episodio de la historia mundial como algo remoto e irreal, salido de una mala novela de ciencia ficción: un pueblo entero aprisionado detrás de una gigantesca reja, dominado por un gobierno monolítico de viejitos (la dictadura de la gerontocracia), que pretendía decirle a cada individuo cómo ser feliz, encarcelando o matando a todo aquel que no se dejara. Adiós a Lenin nos permite antes que nada, la posibilidad de recordar.

La película ha funcionado como una especie de catarsis para los alemanes, convirtiéndose inclusive en la película más taquillera en la historia de ese país. A través de la sátira, Adiós a Lenin logra desacreditar a todo un sistema totalitario, permitiéndonos revivir, no los datos duros y fríos que conocimos a través de la televisión y los periódicos entre 1989 y 1991, sino el lado emocional, surrealista y eufórico que vivieron millones de personas en Europa del Este en esa época milagrosa.

Adiós a Lenin se exhibe en la XLIII Muestra Internacional de Cine en la Cineteca.
(http://www.cinetecanacional.net/)