Cannes 2004
Una vez al año, los divos, divas, críticos y humildes artesanos del séptimo arte se reúnen en una de las playas más feas del mundo: rocosa, pequeña, cara y con pocos atractivos fuera de temporada para participar en el Festival Internacional de Cine de Cannes. Aunque en el fondo es un lugar para cerrar tratos y conseguir dinero, es un festival importante porque de ahí se han lanzado varios movimientos significativos del cine como la Nueva ola Francesa. Ahí se estrenaron Los cuatrocientos golpes de Truffaut, La aventura de Antonioni y Apocalipsis ahora de Coppola, quien en la conferencia de prensa dijo célebremente “!Mi película se trata de Vietnam, mi película es Vietnam¡” por las imposibles condiciones en las que fue rodada.
Soy ateo en cuanto a galardones de cine respecta. Creo que por lo general son más premios de popularidad que valoraciones artísticas útiles. Pero Cannes ocupa un cachito especial en mi corazón por ser un evento tan eminentemente europeo y totalmente informal. Mientras que los oscares proceden casi como un evento religioso del medioevo, Cannes actúa más bien como una especie de circo, donde los participantes además de asistir a funciones de cine, llegan a insultarse, batirse a duelo y anunciar revoluciones sociales, como pasó en 1968 cuando se cerró el festival en solidaridad con la huelga estudiantil. Es un festival de gente apasionada no de monitos de cartón.
El proceso de selección es preferible al Oscar creo yo porque al menos se presume que todos los miembros del jurado han visto todas las películas, cosa que no sucede en los premios de la academia, y la elección ocurre después de largos debates que a veces acaban a golpes. Este año el presidente del jurado es Quentin Tarantino (ganador de la Palma de oro en 1994 por Pulp Fiction) y ya corren los rumores de fricciones con otros de los jueces, menos ávidos a la cultura pop.
En esta edición Cannes cuenta con una selección muy interesante, con el polémico documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore (Masacre en Columbine) como favorito, y The Motorcicle Diaries sobre Che Guevara, la cual sobresale por representa a México indirectamente pues cuenta con Gael García Bernal como protagonista.
Soy ateo en cuanto a galardones de cine respecta. Creo que por lo general son más premios de popularidad que valoraciones artísticas útiles. Pero Cannes ocupa un cachito especial en mi corazón por ser un evento tan eminentemente europeo y totalmente informal. Mientras que los oscares proceden casi como un evento religioso del medioevo, Cannes actúa más bien como una especie de circo, donde los participantes además de asistir a funciones de cine, llegan a insultarse, batirse a duelo y anunciar revoluciones sociales, como pasó en 1968 cuando se cerró el festival en solidaridad con la huelga estudiantil. Es un festival de gente apasionada no de monitos de cartón.
El proceso de selección es preferible al Oscar creo yo porque al menos se presume que todos los miembros del jurado han visto todas las películas, cosa que no sucede en los premios de la academia, y la elección ocurre después de largos debates que a veces acaban a golpes. Este año el presidente del jurado es Quentin Tarantino (ganador de la Palma de oro en 1994 por Pulp Fiction) y ya corren los rumores de fricciones con otros de los jueces, menos ávidos a la cultura pop.
En esta edición Cannes cuenta con una selección muy interesante, con el polémico documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore (Masacre en Columbine) como favorito, y The Motorcicle Diaries sobre Che Guevara, la cual sobresale por representa a México indirectamente pues cuenta con Gael García Bernal como protagonista.

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