miércoles, octubre 29, 2003

Al diablo también le gusta divertirse

El amor cuesta caro, la nueva película de los hermanos Cohen (Barton Fink, El hombre que nunca estuvo) cuenta una historia de amor entre un abogado de divorcios y una cazafortunas, dos de los personajes más amorales, truculentos y ruines que me ha tocado ver en el cine, y es tremendamente divertida.

Funciona principalmente gracias a las actuaciones de George Clooney y Catherine Zeta-Jones, quienes traen consigo un glamour y una química de la cual ya se ve poco en comedias románticas contemporáneas. Clooney lentamente se está convirtiendo en el Cary Grant del siglo XXI. Dotado con una seguridad de sus poderes de seducción, que le permite descender a las profundidades del ridículo y la comedia sin preocuparse por su imagen.

Zeta-Jones se revela en uno de los papeles más carnales de su carrera, digno de las seductoras del cine italiano de los sesentas. Aunque su actuación es más fría y sutil que la de su contraparte masculina, es este ritmo reptiliano, misterioso, lo que hace que la obsesión que desarrolla Clooney por ella sea totalmente creíble.

La identificación con los personajes es uno de esos curiosos fenómenos que son casi exclusivos al cine. Nos sentamos durante dos horas frente a una pantalla, aislados por la oscuridad de la sala y poco a poco nos vamos identificando con uno o varios de los personajes; los queremos, los odiamos y nos vamos interesando por sus vidas. Cuando son actores tan radiantes como esta pareja, este vínculo es casi inevitable.

Lo interesante de este proceso en términos de esta cinta, es que si en vez de tener a dos estrellas de Hollywood en los papeles principales, los Cohen hubieran escogido a dos desconocidos, no muy atractivos, la trama se nos haría totalmente desagradable y los personajes absolutamente despreciables. Es este es el tremendo poder de la imagen y del cine, y es lo que convierte a El amor cuesta caro en un pecadillo que nos permite disfrutar, a través de otros, la delicia que es portarse mal.

Ficha: El amor cuesta caro. 100 Minutos. Comedia. Intérpretes: George Clooney, Catherine Zeta-Jones. Dirección: Joel Cohen, Ethan Cohen

miércoles, octubre 22, 2003

Regresa el octavo pasajero

Este viernes se reestrena en México, Alien, una versión remasterizada y reeditada de la aterradora película del director Ridley Scott (Gladiador). Concebida como una película de “casa embrujada en el espacio” Alien continúa seduciendo y asustando, aún y cuando sus efectos especiales y trama tienen casi un cuarto de siglo de antigüedad y han sido copiados hasta el cansancio.

Alien, como Blade Runner, otra película de ciencia ficción de Scott, ha perdurado y ha ganado adeptos gracias a una serie de misterios mundanos que nunca se resuelven, pero que hacen alusión a un mundo mucho más vasto del que se muestra en la pantalla. La naturaleza del “alien” nunca se define. ¿Es acaso una especie de parásito extraterrestre? ¿Un arma biológica? ¿Un tiburón del espacio? Es un ser que se transforma rápidamente, inteligente, pero con la destrucción como único objetivo. Su diseño (ejecutado por el artista suizo H.R. Giger) parece una mezcla de un ser biológico y mecánico, recordando al aparato reproductor femenino en su primera etapa.

En la película, los protagonistas son individuos comunes y corrientes, seis mineros intergalácticos que hablan de frivolidades, y un androide que vigila los trabajos que se realizan para la Weyland-Yutani, una corporación monopólica (al menos eso intuimos) que domina a casi toda la tierra. La conquista del espacio es tan trivial en este mundo, que ya nadie se asoma por las ventanas para ver las estrellas. Inclusive al llegar a un planeta donde se encuentran los restos de un ser extraterrestre (el cual nunca se explica) a nadie le sorprende.

Subliminalmente nosotros como espectadores absorbemos toda esta información y regresamos una y otra vez a la película, buscando respuestas específicas a todos estos detalles. El terror que sentimos a primera vista se convierte rápidamente en fascinación. Ésto es la muestra de un director que no le tiene miedo a presentar ambigüedades, seguro de lo que está mostrando y seguro de que su público lo entienda.

Ficha Técnica: Alien (1979) Interpretan: Sigourney Weaver, John Hurt, Ian Holm. Dirige: Ridley Scott

miércoles, octubre 15, 2003

Iconografía Indiana

Nota: Este viernes 24 sale a la venta la trilogía de Indiana Jones por primera vez en DVD.

Se dice que tres personajes y actores populares definieron la masculinidad en el siglo XX: Humphrey Bogart como Richard Blaine en Casablanca, Sean Connery como el agente 007 en las películas de James Bond y Harrison Ford interpretando al intrépido arqueólogo Indiana Jones. A los tres se les ha designado como arquetipos, modelos prototipo de lo que debe ser un hombre, y los tres se encuentran firmemente plantados en el inconsciente colectivo.

Poder tomar cualquier cantidad de alcohol sin emborracharse, fumar, cautivar a las mujeres, verse bien en traje, saber manejar una pistola, ser experto en todo tipo de juegos de azar, conocer cientos de datos esotéricos sobre algún tema en particular, ser chistoso, seco, poder mantener la calma en situaciones de presión, tener aventuras, son las características que los tres comparten y que han sido envidiadas y de vez en cuando imitadas por más de un joven (y uno que otro adulto) comprobando la fuerza del celuloide para crear estereotipos y para sugestionar.

Indiana Jones en particular engloba además otros mitos muy atrayentes. Personifica las aventuras fantásticas que quisiéramos tener de chicos y grandes, habla de la libertad de la monotonía, de trabajar al aire libre. Y por encima de todo, es un personaje que siempre sabe que hacer. Ya sea atrapado entre millones de serpientes, estando preso por un culto de la muerte en la India o atravesando un laberinto para llegar al Santo Grial, Indiana Jones siempre tiene una certeza casi matemática que en la vida real nunca podemos poseer.

El sombrero, el látigo y la chamarra de cuero completan al personaje. Son talismanes, el cabello de Sansón transpuesto. Sin ellos Indiana Jones no es el aventurero de siempre, sino un simple profesor de una universidad en Nueva York.

Es la mezcla de todos estos elementos, del sombrero, la personalidad, las historias de aventuras de las películas B de los treintas como Las Minas del Rey Salomón, el mito de Trazan y Zorro, y las leyendas populares sobre los aspectos ocultos de las civilizaciones premodernas, lo que han permitido que este héroe cinematográfico se haya vuelto un ícono internacional, conocido hasta por personas que nunca han visto las películas.

Ficha Técnica: Indiana Jones y Los cazadores del arca perdida (1981), Indiana Jones y El templo de la perdición (1984), Indiana Jones y La última cruzada (1989). Interpreta: Harrison Ford. Dirige: Steven Spielberg. Produce: George Lucas.

martes, octubre 07, 2003

¿Fumar mata?

“Nicotina” (2003) 93 Minutos
Comedia
Beto: Daniel Giménez Cacho
Lolo: Diego Luna
Tomson: Jesús Ochoa
Dirigida por Hugo Rodriguez

Las peores experiencias en el cine son aquellas donde la película prometía mucho y esta se desbarata al final. Nicotina, la nueva película de Hugo Rodríguez ejemplifica este sentir. A todas luces tiene muy buena factura: actores muy bien escogidos, personajes interesantes, diálogos creíbles, citables, nada acartonados, buena fotografía (con todo y que es digital) excelente edición, buen ritmo y una idea central prometedora: el intercambio fallido de una clave bancaria por diamantes.

Es una propuesta interesante porque Rodríguez separa a cada personaje en su propio segmento y logra dar una visión completa de cada uno. Tarea difícil aún en películas largas (Los Hombres-X por ejemplo) porque entre más se separe a los personajes menos tiempo hay para desarrollarlos. Nicotina indudablemente vale la pena por sus personajes y situaciones pero desafortunadamente ambos son derrotados por un guión que al final no sabe que hacer con ellos.

El guión quiere transportarnos de una idea cómica ligera a una situación que se acerca más al humor negro. El tropezón se da en que el humor negro llega de repente, no es gradual. Esto produce que los últimos 10 minutos de acción que terminan la película la hundan, pues los personajes que nos importan (y que le dan su fuerza a la cinta) son destruidos sin pensarlo dos veces y porque el cambio de tono introduce una disonancia.

Es el equivalente a comer en un buen restaurante una entrada y un plato fuerte buenos, llegar al postre, probarlo y comprobar que está rancio. En términos guionísticos, el guionista Martín Salinas no supo resolver su historia. Introduce dos ideas: la diferencia entre suerte y probabilidades y las profundidades de lo malévolo que pueden alcanzar los seres humanos pero las dos se quedan a medio masticar.

Nicotina termina siendo un ‘Chiste de Pepito’ una sorpresa, que concluye la película pero que no satisface, un desarrollo final incoherente que nos deja colgando. Es una lástima pues teniendo tantos elementos buenos, es frustrante no poder recomendarla del todo.

jueves, octubre 02, 2003

Nicolas Cage en “Los tramposos”

“Los tramposos” (2003) 120 Minutos
Comedia
Roy: Nicolas Cage
Frank Mercer: Sam Rockwell
Angela: Alison Lohman
Dirigida por Ridley Scott

Nicolas Cage es un actor cuya técnica durante mucho tiempo consistía en entreabrir los ojos y la boca, mirar al horizonte telenovelescamente y aparentar profundidad. En cintas como Con Air, Hombre de familia, Cara contra cara y 8 mm, Cage intentaba ser minimalista en sus movimientos, dejando que su cara cayera hacia abajo y que el tintineo de sus ojos actuara por él.

Salvo un grupo muy selecto de actores natos, nacidos fotogénicos (un John Wayne o Clint Eastwood por ejemplo) esta es una técnica que tiende al fracaso. Inclusive los actores que tienden al naturalismo como Marlon Brando o Johnny Depp, que utilizan “el método” - recordando sensaciones de su vida similares a las que requieren en escena – trabajan mucho para proyectar una cierta emoción, aún en las escenas donde no dicen nada. Cage se veía falso, hueco, obvio.

En El ladrón de orquídeas y en la recién estrenada Los tramposos, Nicolas Cage permite que lo revaloremos como actor.

Son dos actuaciones que incuestionablemente mejoran las dos películas, porque al terminar, a nosotros como espectadores nos importa el camino que han recorrido sus personajes, no nos son indiferentes.

Nicolas Cage deja atrás sus movimientos corporales cliché que hemos visto en sus otras películas. Son los pequeños detalles los que conforman a un personaje y en Los tramposos es la naturalidad con la que Cage saca los cigarros de la bolsa y se los fuma, la manera en la que camina, la despreocupación de un actor que ya no esta pensando en el guión ni en la dirección, sino en ser el personaje.

Los ojos tristones de Cage ya no están vacíos, hablan de una cierta madurez, de una experiencia real, no actuada. La película, que trata las relaciones de un estafador con su hija de catorce años, adquiere una profundidad emocional gracias a esta actuación. Esto permite que al acabar la película esta no se evapore, y que continúe afectándonos mucho después de haber abandonado la sala .