Al diablo también le gusta divertirse
El amor cuesta caro, la nueva película de los hermanos Cohen (Barton Fink, El hombre que nunca estuvo) cuenta una historia de amor entre un abogado de divorcios y una cazafortunas, dos de los personajes más amorales, truculentos y ruines que me ha tocado ver en el cine, y es tremendamente divertida.
Funciona principalmente gracias a las actuaciones de George Clooney y Catherine Zeta-Jones, quienes traen consigo un glamour y una química de la cual ya se ve poco en comedias románticas contemporáneas. Clooney lentamente se está convirtiendo en el Cary Grant del siglo XXI. Dotado con una seguridad de sus poderes de seducción, que le permite descender a las profundidades del ridículo y la comedia sin preocuparse por su imagen.
Zeta-Jones se revela en uno de los papeles más carnales de su carrera, digno de las seductoras del cine italiano de los sesentas. Aunque su actuación es más fría y sutil que la de su contraparte masculina, es este ritmo reptiliano, misterioso, lo que hace que la obsesión que desarrolla Clooney por ella sea totalmente creíble.
La identificación con los personajes es uno de esos curiosos fenómenos que son casi exclusivos al cine. Nos sentamos durante dos horas frente a una pantalla, aislados por la oscuridad de la sala y poco a poco nos vamos identificando con uno o varios de los personajes; los queremos, los odiamos y nos vamos interesando por sus vidas. Cuando son actores tan radiantes como esta pareja, este vínculo es casi inevitable.
Lo interesante de este proceso en términos de esta cinta, es que si en vez de tener a dos estrellas de Hollywood en los papeles principales, los Cohen hubieran escogido a dos desconocidos, no muy atractivos, la trama se nos haría totalmente desagradable y los personajes absolutamente despreciables. Es este es el tremendo poder de la imagen y del cine, y es lo que convierte a El amor cuesta caro en un pecadillo que nos permite disfrutar, a través de otros, la delicia que es portarse mal.
Ficha: El amor cuesta caro. 100 Minutos. Comedia. Intérpretes: George Clooney, Catherine Zeta-Jones. Dirección: Joel Cohen, Ethan Cohen
Funciona principalmente gracias a las actuaciones de George Clooney y Catherine Zeta-Jones, quienes traen consigo un glamour y una química de la cual ya se ve poco en comedias románticas contemporáneas. Clooney lentamente se está convirtiendo en el Cary Grant del siglo XXI. Dotado con una seguridad de sus poderes de seducción, que le permite descender a las profundidades del ridículo y la comedia sin preocuparse por su imagen.
Zeta-Jones se revela en uno de los papeles más carnales de su carrera, digno de las seductoras del cine italiano de los sesentas. Aunque su actuación es más fría y sutil que la de su contraparte masculina, es este ritmo reptiliano, misterioso, lo que hace que la obsesión que desarrolla Clooney por ella sea totalmente creíble.
La identificación con los personajes es uno de esos curiosos fenómenos que son casi exclusivos al cine. Nos sentamos durante dos horas frente a una pantalla, aislados por la oscuridad de la sala y poco a poco nos vamos identificando con uno o varios de los personajes; los queremos, los odiamos y nos vamos interesando por sus vidas. Cuando son actores tan radiantes como esta pareja, este vínculo es casi inevitable.
Lo interesante de este proceso en términos de esta cinta, es que si en vez de tener a dos estrellas de Hollywood en los papeles principales, los Cohen hubieran escogido a dos desconocidos, no muy atractivos, la trama se nos haría totalmente desagradable y los personajes absolutamente despreciables. Es este es el tremendo poder de la imagen y del cine, y es lo que convierte a El amor cuesta caro en un pecadillo que nos permite disfrutar, a través de otros, la delicia que es portarse mal.
Ficha: El amor cuesta caro. 100 Minutos. Comedia. Intérpretes: George Clooney, Catherine Zeta-Jones. Dirección: Joel Cohen, Ethan Cohen
