miércoles, enero 28, 2004

Tierra de perros

Dogville es la película más complicada que he tenido que reseñar hasta ahora. Creo que es una cinta repugnante y al mismo tiempo una especie de obra maestra. Deseo jamás volver a verla y sin embargo tengo una gran curiosidad regresar a revisarla para estar seguro de que vi lo que vi. Lars von Trier, su director, es antes que nada un gran provocador, y quizás esto es lo que complique el análisis de la cinta.

Dogville es una especie de parábola bíblica donde después de la "pasión de Cristo", el redentor regresa y asesina cruelmente a todos aquellos que lo hicieron sufrir. Es una película dura y cruda, porque su tesis central parece afirmar que los seres humanos, aún los más racionales son en su esencia peores que perros, preocupados solo por una satisfacción egoísta, incapaces de comprender el dolor ajeno. Von Trier no nos simplifica las cosas, porque uno siente durante todo el film una constante burla irónica, una especie de sadismo, de un creador que sabe que nos está manipulando e hiriendo emocionalmente; haciéndonos pensar primero que Grace, la protagonista interpretada de una manera deslumbrante por Nicole Kidman, se salvará en el pueblito de Dogville, para luego someterla a la peor tortura, violación y deshumanización por parte de todos sus habitantes.

El gran problema de la cinta es que promueve una visión unidimensional de la humanidad, tan simplista y nihilista que al menos a mí me suena falsa. Porque sí el hombre fuese bipolar: o totalmente egoísta o totalmente generoso como se muestra dentro de la comunidad de Dogville, sería sencillísimo predecir matemáticamente las acciones de cada uno de nosotros en todo momento y todo lugar. La experiencia y el instinto me llevan a afirmar que el hombre no es así, que en su esencia, el ser humano es "gris" y complicado, no sencillo y plano. Es por eso que aunque la puesta en escena de Dogville y sus actuaciones sean maravillosas, no la puedo recomendar del todo porque el planteamiento filosófico que intenta plasmar me parece tramposo y profundamente incorrecto.

Sí el ser humano se define como un ser que vive y se desarrolla gracia a su contacto con la sociedad, y esta sociedad es en su origen la grotesca caricatura que presenta von Trier no puedo imaginar que es lo que nos mantiene vivos.

jueves, enero 22, 2004

Perdidos sin traducción

Las buenas películas se asemejan a un baño; una lluvia cálida que cae sobre nosotros, nos abre los pulmones y nos deja respirar de una manera que no hemos podido en mucho tiempo. La luz de la proyección nos invade. Eso es Perdidos en Tokio, la segunda película de Sofía Coppola (Hija de Francis Ford; quizás la genialidad es hederitaria). Una perfecta contemplación de la angustia contemporánea.

A partir de una premisa relativamente simple: dos personas, Bob Harris (Bill Murray) y Charlotte (Scarlett Johansson) se encuentran en Tokio cuando sus vidas parecen ir a la deriva sin sentido, Coppola logra comunicar una bella metáfora sobre la vida moderna. Una existencia que alterna simultáneamente entre momentos de un exceso de comunicación, visual, auditiva, táctil: el tráfico de Tokio, el ruido de los celulares; y momentos de reflexión y calma: el ikebana, una boda japonesa tradicional, los rituales dentro de un templo Shinto. Donde nuestra única salvación resulta ser los vínculos que podemos trazar con otras personas.

El mundo seguirá su paso acelerado y sólo la posibilidad del contacto puede salvarnos.

La manera tan poco aparente, tan natural en la que se cuenta esta idea, una preocupación que nos va a ir afectando a todos nosotros ciudadanos del siglo XXI queramos o no, es lo que hace que brille esta cinta. Y el tacto emocional, la sinceridad con la que Murray y Johansson logran acercarse a sus personajes permite que vibremos al verlos, porque nos dejan ver momentos que por lo general son privados y que solo a través del arte podemos descubrir.

jueves, enero 15, 2004

Las peligrosas vidas de los monaguillos

Es curioso como ciertas experiencias son universales. En la película Historias fantásticas situada en una secundaria de Estados Unidos en los setentas, hay una escena donde suena una campana para señalar el fin de clases. Este es un detalle anónimo y perdido, pero en ese instante recordé (y vi a los personajes experimentar) ese sentido de libertad tan poderoso que me venía cada vez que oía ese sonido que marcaba diariamente el fin del cautiverio escolar. También está la clásica escena de los maestros odiosos que no entendían que uno tenía otras prioridades más importantes y trascendentes, que aprender las reglas de los ángulos de los triángulos; y el ya también clásico regaño, repleto de perogrulladas y clichés, en el cual uno intentaba suprimir las ganas de reír. Estos son los detalles que la película capta bastante bien, aún y cuando las travesuras de nuestros anti-héroes lleguen a ser poco creíbles, y es lo que la hace interesante y entretenida.

Historias fantásticas sufre el defecto de no saber como manejar el ritmo de la trama: la transición de la comedia al drama, de las travesuras a temas más pesados, resultando en una película algo dispareja. Pero pese a estas objeciones, resulta ser una respetable entrada para el director primerizo Peter Care, y una película clave para entender la carrera de Kieran Culkin (hermano de Macaulay) quien con esta cinta y Las locuras de Igby se está perfilando como uno de los actores más interesantes y completos de su generación, así como un símbolo para los jóvenes alienados.

Historias fantásticas es una película de juventud, que retrata bastante bien el adolecer de la adolescencia, ese momento donde uno se siente fuera de la sociedad y desea vivir al margen de ella. También es una cápsula del tiempo de los setentas, que demuestra convincentemente, que los diseñadores industriales y modistas de esa época eran seres de otro planeta.

martes, enero 13, 2004

Feminas

"La historia del cine, es la historia de muchachos fotografiando muchachas" – Jean Luc Godard

Es raro que los críticos o los cinéfilos (¿O cinefílicos? después de todo la pasión por el cine es una especie de enfermedad) nos sorprendamos mucho por el tratamiento de las películas que vemos; es decir, ya vimos los cortos, leímos alguna sinopsis y vimos fotogramas o la página de web de la película. Ya sabemos si va a ser un drama, una comedia o una película de aventuras. Por las prisas, entré a ver 8 Mujeres sabiendo únicamente que era una cinta de humor negro con las superdivas del cine francés acerca de un asesinato al estilo Agata Christie. Consecuentemente, nada me preparó para lo que iba a ocurrir pasados los quince minutos de comenzada la cinta: Ludivine Sagnier, la hija en la película de Catherine Deneuve, comenzó a cantar. “Dios santo” pensé “¡Pero si estoy viendo el primer musical de misterio francés!”. Fue uno de esos momentos tan inesperados y naturales que dejan a uno con una sonrisa hasta que cae el telón.

8 Mujeres es a decir verdad una película bastante extraña porque que mezcla muchos géneros. En parte, es casi teatro filmado, además de ser una comedia, un misterio psicológico bastante tétrico, un whodunit, y claro, un musical. Es una mezcla que funciona, porque cada vez que sucede algo grotesco en escena, el director François Ozon aligera las cosas con un número musical, aunque también la verdad esto deja un sabor de boca medio raro. Por ejemplo es desconcertante primero ver al octeto de mujeres totalmente histéricas, muy en serio, por un asesinato y después ya totalmente tranquilas al acabar la canción. No obstante es una película tan estilizada que si uno se la toma muy en serio no hay manera de disfrutarla. Es un postre, no un plato fuerte.

Sobresalientes, por supuesto, y la mayor atracción de la cinta son las ocho mujeres del título: Danielle Darrieux, Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant, Virginie Ledoyen, Ludivine Sagnier y Firmine Richard, amorosamente fotografiadas por Ozon. No es necesario recalcar que al menos la mitad de ellas son leyendas de la actuación y que todas, sin excepción, son exquisitos manjares para los devotos al culto de la belleza.

martes, enero 06, 2004

2003 Lo que el viento se llevó

El 2003 fue un buen año para el cine comercial, con una diversidad saludable y entretenida. Fue un año de homenajes al cine clásico de Hollywood con películas como Abajo el amor y Lejos del cielo, y nos permitió reencontrarnos con viejos amigos, como el extraterrestre xenoforme en el reestreno de Alien. Fracasos los hubo, como lo fueron Matrix: Revoluciones y Kill Bill, pero el resto de la cartelera nos permitió olvidar estos sinsabores. En retrospectiva, lo que más me sorprendió de este año fue la transición que se está dando de un cine de autores, donde el director es el rey, creador final de su película, a un cine de actores. Un buen numero de películas bastante zonzas como Amor a segunda vista y Tribunal en fuga funcionaron porque los actores se pusieron las pilas y actuaron más allá de lo que les pedían los raquíticos guiones.

A continuación les presento cinco de mis películas favoritas del año, y una lista general de lo mejor que vimos en México en el 2003:

El ladrón de orquídeas: A Charlie Kaufman le encargaron adaptar el libro “El ladrón de orquídeas”. Al verse incapaz de hacerlo, el ingeniosísimo guionista decidió escribir una película sobre los problemas que enfrentó adaptando el libro. Si a alguien que queda duda de lo que significa la palabra posmodernidad, le recomiendo esta cinta para despejar sus incógnitas.

El regreso del rey: La mejor película épica de los últimos veinte años, termina una de las trilogías más exitosas del cine y evidencia para siempre la mediocridad en la que ha caído la otra famosa serie de fantasía y aventuras: La guerra de las galaxias.

Río místico: ¿Quién habría pensado que Clint Eastwood podría dirigir un drama Shakespeareano? Con mano firme, Eastwood construye una trama que hiela la sangre mientras observamos como cada personaje se enfrenta a su trágico destino.

Los Tramposos: Admito que durante años odié toda película en la que salía Nicolas Cage, pues era un actor que no actuaba. En esta película, así como en El ladrón de orquídeas, vi una transformación inesperada de este señor.

El viaje de Chihiro: Durante 125 minutos, Chihiro nos hace sonreír, tarea nada fácil. Es una caricatura que nos muestra lo mejor de la animación japonesa: criaturas sorprendentes, trabajo artesanal y una buena historia que evita las obvias lecciones santurronas de las películas de Disney.

Otras películas notables de este año: El buen ladrón, Lejos del cielo, Secretaria, Enlace mortal, Embriagado de amor, El americano, Sendero de sangre, Confesiones de una mente peligrosa, La hora 25, Abajo el amor y Arca rusa.