miércoles, febrero 25, 2004

Aventuras en el FICCO

Del 19 al 29 de febrero se presenta en la ciudad el Festival Internacional de Cine Contemporáneo de la Ciudad de México (http://www.ficco-mex.com/), una especie de gigantesca borrachera cinematográfica donde se presentan cintas para todos los gustos y perversiones, desde lo más comercial a lo más esotérico. A continuación presento una selección de lo más destacado de esta muestra:

Adiós a Lenin, la película más taquillera en la historia del cine alemán, cuenta la historia de un muchacho que reconstruye la desaparecida Alemania Oriental alrededor de la casa de su madre, quien despierta después de haber pasado en coma los años de la transición al capitalismo.

El hombre del tren es una poética meditación de dos vidas que se entrecruzan por casualidad, la de un profesor de poesía que siente que ha tenido una existencia muy monótona y la de un asalta bancos que sólo desea vivir el resto de sus días en paz.

Elefante fue la película ganadora del premio Cannes el año pasado. De una manera objetiva, económica, sin emitir juicios, intenta mostrar una masacre al estilo Columbine en una preparatoria de Estados Unidos.

Retratando a los Friedman es un polémico documental (nominado al Oscar este año), el cual asistido por cientos de horas de grabaciones que la familia Friedman hiciera de sí misma a través de un periodo de veinte años, intenta desentrañar las circunstancias del encarcelamiento del padre y de uno de los hijos tras una acusación de violación a menores. Un documental que intenta reflexionar sobre los límites de la verdad.

La leyenda de las ballenas consigue lo que pocas películas para niños logran hacer: entretener a los grandes que los acompañan. Votada como la mejor película por el público, tanto del festival de Sundance como el de Toronto, narra la lucha que emprende una niña Maorí en Nueva Zelanda para ser aceptada por su abuelo, el jefe de la tribu.

miércoles, febrero 18, 2004

La piscina

Juegos perversos es un thriller de Hitchcock escrito por Cortázar. Es decir, tiene toda la maquinaria que hace funcionar las películas del maestro del suspenso, pero al mismo tiempo tiene una serie de toques poéticos experimentales que recuerdan al desaparecido escritor argentino. Es una película donde la trama (a pesar de ser bastante buena) termina siendo secundaria al estudio de sus personajes, y donde el asesinato no se resuelve ni importa que se resuelva. La cinta es, en su esencia, una observación de la manera en la que reacciona una mujer cincuentona frente a una muchacha promiscua que atenta contra su paz y tranquilidad y la forma como reacciona esa muchacha ante una mujer mandona y algo voyeurista.

Me impresionó principalmente la manera en la que las dos protagonistas, Charlotte Rampling, misteriosamente bella aún después de tantos años, y Ludivine Sagnier, irreconocible después de aparecer en 8 mujeres (del mismo director), encarnan a sus respectivas heroínas, estableciendo dos personajes creíbles y reales.

Son actuaciones que sólo se logran cuando existe una confianza intuitiva entre intérprete y realizador, y es muy probable que el director François Ozon escribiera el guión de esta cinta pensando en las fuerzas particulares de estas dos actrices con las que ya había trabajado anteriormente.

Esta familiaridad es también lo que permite que ambas realicen escenas al desnudo que son al mismo tiempo sensuales y retadoras. No son los desnudos pudorosos Hollywoodenses donde uno siente el puritanismo en cada cuadro como si la actriz inconscientemente estuviera transmitiendo su culpa. Al contrario, es un sensualismo que permite mostrarnos mujeres que se sienten con el derecho de usar sus cuerpos para obtener lo que desean, ya sea el dominio de sus amantes o del espectador. Es esta libertad, distribuida a lo largo de la película, lo que permite una síntesis del thriller viejo y de este thriller lírico europeo, sexoso, sensual y muy divertido.

miércoles, febrero 11, 2004

Hasta el fin del mundo

¿A quién le puede gustar Capitán de Mar y Guerra, una película sobre un barco inglés en el periodo de las guerras Napoleónicas? Creo que hay dos grupos (confieso de antemano que pertenezco a ambos).

Por una parte están aquellos que de niños desarmaron el reloj de la bisabuela, una reliquia familiar que se había pasado de generación en generación, la cual nunca pudieron volver a armar. Los que antes de poder leer ya querían saber qué es un carburador. Los que preferían el LEGO al Playmobil porque el segundo no tiene piezas para montar, y que además armaban todos los modelos mirando solo el dibujo de la caja sin ver el instructivo.

A este grupo le va a encantar Capitán de Mar y Guerra, porque buena parte de la película consiste en ver a detalle como opera el buque HMS Surprise, un vehículo del siglo XIX con todas las complejidades (pero sin computadora claro está) de las sondas que están llegando a Marte, una maravilla tecnológica del decimonónico que en vez de utilizar microchips para procesar información, utilizaba seres humanos.

El segundo grupo al que le puede gustar la cinta consiste en esa agrupación de seres románticos que todavía consideran importantes los valores aristocráticos del pasado: nobleza, honor, lealtad, valentía. Pues es una perogrullada que el Surprise no podría operar si los hombres que lo manejan no tuviesen confianza en el compañero contiguo, pues cada vida cuenta para aumentar las probabilidades de que todos sobrevivan al trayecto.

Hace mucho que no veía una película histórica de aventuras que pudiera ser tan emocionante y detallada. Inclusive llegando al punto en el que el imaginario es incapaz de llegar a separar la visión del director de las ideas propias sobre el período. Así, en la vastedad de este océano fílmico uno está tentado a decir: “es como fue”.

miércoles, febrero 04, 2004

Viejos los cerros...

Alguien tiene que ceder es una comedia romántica que examina el tema del romance entre parejas de distintas generaciones. La cinta quiere mostrar cómo cada quien debe de tener una pareja (y de cierta manera un estilo de vida) acorde a su edad. Contando los enredos y triangulaciones de dos parejas disparejas Harry Sanborn (Jack Nicholson) con Marin (Amanda Peet) y Erica Barry (Diane Keaton) la madre de esta, con el joven doctor Julian Mercer (Keanu Reeves). Es una película ligera que tiene pretensiones de ser por momentos una lección de moral, mediante una crítica a este tipo de uniones. Argumentación que sufre de entrada por ser un tanto rígida y dogmática, descalificando categóricamente que estas relaciones puedan funcionar.

Quizás sea una noción sentimental de mi parte pero a mi gusto el problema de las relaciones no es la edad, es el amor. Si entre los protagonistas existe una diferencia de treinta años como lo hay entre Harry y Marin, pero se tienen un verdadero afecto ¿qué tiene de malo que emprendan una relación afectiva? Si ya de por sí es difícil encontrar alguien a quien amar y alguien que nos ame ¿además le vamos a estar poniendo trabas a la persona que nos completa como seres humanos? Lo reitero, el problema es la superficialidad de las relaciones, no la edad. Esta es la razón por la cual les sugiero que sí ven la película, cuando el tema salga a discusión pongan sus cerebros en neutral, porque el argumento al tratarlo de esta manera se desmorona. Inclusive resulta un tanto hipócrita la selección de Nicholson como protagonista dada su muy pública reputación de Don Juan.

Si esto fuera el único elemento de la película, no me molestaría ni en reseñarla pero la verdad sería deshonesto de mi parte no admitir que me reí como enano durante casi todos los 128 minutos de celuloide. La sala, por ser domingo estaba naturalmente llena, y desde el principio uno sentía como la gente estaba lista para entregarse a la cinta; las olas de carcajadas y risas entrecruzando el auditorio con facilidad. Ayuda mucho que Nicholson y en especial Diane Keaton estén magníficos, mostrándose lo suficientemente relajados y naturales al habitar sus personajes, como para hacerle pensar a uno que sería bonito si fueran pareja en la vida real - en pocas palabras tienen química. El guión también se beneficia de poseer buenos diálogos, que es a fin de cuenta lo que importa en estas películas donde ya sabemos que va a pasar al final, y una dirección competente. Y es por esto que Alguien tiene que ceder logra trascender el sermoneo poco sutil que muchas veces infecta a las producciones de Hollywood, y resulta ser una agradable película para esos fines de semana de total ociosidad.