miércoles, marzo 24, 2004

Celuloide de papel

Aunque siempre he sido partidario del dicho “para saber de cine hay que ver cine” creo que también es bueno rondar las librerías de vez en cuando para comprar un libro crítico sobre algún director o género, para poder “ver” con ojos renovados. Inclusive mi propia adicción por el cine comenzó hace quince años con un libro con fotogramas de las películas de Hitchcock, así que en sí, la biblioteca no es un mal lugar para comenzar a indagar en el medio. Este libro era un volumen grande con poco texto, que me llevó a buscar otro libro sobre Hitch, fundamental para entender cómo y por qué funcionan las películas. “El cine según Hitchcock” (Alianza Editorial) es una entrevista sobre toda la obra del director británico conducida durante varios años por su seguidor François Trufaut. Aquí Hitch revela no solo que la sangre en Psicosis era de chocolate, sino además cómo se genera el suspenso, por qué nos identificamos con los personajes de la pantalla y cómo se escoge tal o cual ángulo para lograr un efecto determinado.

El género clásico de los libros de cine son las biografías y autobiografías. Tanto Renoir cómo Buñuel tienen buenos tomos, pero por puro morbo mi favorito es “Yo necesito Amor” de Klaus Kinski (Tusquets) donde el actor de Aguirre la furia de Dios y el a veces papá de Nastasia Kinski narra cómo se acostó con más de mil mujeres (casi todas menores de edad) y cómo Werner Herzog, el famoso director de cinco películas en las que él participó era un completo inepto. Es una autobiografía muy divertida principalmente por ser totalmente falsa. En un documental sobre la pareja, Herzog cuenta cómo Kinski le había argumentado que no podía esperar vender muchos libros si escribía que todos se la habían pasado de maravilla, y cómo Herzog estando de acuerdo le había ayudado a inventar los peores insultos del libro, muchos de ellos contra su propia persona.

Los en serio cinéfilos además compran una tercera clase de libro, uno relleno de los stills o fotogramas sacados directamente del negativo, o por fotógrafos en el momento del rodaje. La mejor compañía del mundo para estos cinéfilos fetichistas es Taschen, quien edita albums sobre Stanley Kubrick, Hitchcock y Billy Wilder.

Este mercado para libros especializados me lleva afirmar que se comprueba una hipótesis que he expresado en este espacio en otras ocasiones: que los que estamos en este negocio pagaremos lo que sea por la posibilidad de detener la imagen aunque sea un segundo, solo por el simple goce de tocar un objeto derivado de nuestra parpadeante e intangible obsesión.

miércoles, marzo 10, 2004

Jesucristo Superestrella

La semana próxima se estrena La Pasión de Cristo de Mel Gibson, junto con La última tentación de Cristo, la película de Martín Scorsese producida en 1988, la cual nunca se había exhibido comercialmente en nuestro país. Lo más interesante de estas dos películas, y en general de las películas bíblicas es que además de representar los actos centrales de la historia del cristianismo, reflejan también las sensibilidades e ideologías de sus respectivos creadores.

A grandes rasgos podemos definir dos visiones de Cristo; la de la derecha: innegablemente literal, apegada a los evangelios, y la de la izquierda: cuestionadora, apócrifa y más veces que menos, polémica. Solo basta recordar que La última tentación de Cristo duró poco en cartelera por las numerosas amenazas de bomba de cristianos fundamentalistas, que recibió en diversos cines de los Estados Unidos, principalmente por presentar la visión de una tentación donde se mostraba a Jesús casado con María Magdalena; mientras que Rey de Reyes, la muy devota y textual interpretación de los evangelios dirigida por Nicholas Ray, a lo más que llegó fue a que se tuviera que volver a rodar la escena de la crucifixión porque en su estreno varios espectadores se quejaran por que Cristo no tuviera las axilas rasuradas.

A mi gusto las películas de la derecha le roban algo del misticismo al texto original sin aportar un valor agregado para debate. Y privan al espectador de la posibilidad de imaginarse a un Cristo aplicable a su vida y a su tiempo. Pero quizás los que disfrutan de estas películas lo hacen principalmente por el fervor emocional y visceral que les produce el evangelio, debido a que cuentan con una fe sin resquebrajamientos. Dentro de poco podremos contar con ambas opciones en los cines de la ciudad.

miércoles, marzo 03, 2004

Elegía para un mundo comunista

Adiós a Lenin es una dulce comedia sobre el fin de la Guerra Fría, la caída del muro de Berlín y la reunificación de Alemania. La trama es deliciosamente sencilla: La madre de Alexander Kerner, devota comunista, se desvanece en un coma meses antes de la caída del muro. Cuando finalmente despierta, todo en lo que ella creía se ha derrumbado y los doctores temen que el golpe emocional ponga en riesgo su vida. Para salvarla, Alexander decide ocultarle la verdad construyendo alrededor de su pequeño departamento un facsímile de la derrumbada república comunista, llegando a reciclar productos que han desaparecido del mercado y trucando hasta el noticiero de la televisión.

Es una cinta indispensable porque a más de una década de la gestación de estos sucesos, uno tiende a ver este penoso episodio de la historia mundial como algo remoto e irreal, salido de una mala novela de ciencia ficción: un pueblo entero aprisionado detrás de una gigantesca reja, dominado por un gobierno monolítico de viejitos (la dictadura de la gerontocracia), que pretendía decirle a cada individuo cómo ser feliz, encarcelando o matando a todo aquel que no se dejara. Adiós a Lenin nos permite antes que nada, la posibilidad de recordar.

La película ha funcionado como una especie de catarsis para los alemanes, convirtiéndose inclusive en la película más taquillera en la historia de ese país. A través de la sátira, Adiós a Lenin logra desacreditar a todo un sistema totalitario, permitiéndonos revivir, no los datos duros y fríos que conocimos a través de la televisión y los periódicos entre 1989 y 1991, sino el lado emocional, surrealista y eufórico que vivieron millones de personas en Europa del Este en esa época milagrosa.

Adiós a Lenin se exhibe en la XLIII Muestra Internacional de Cine en la Cineteca.
(http://www.cinetecanacional.net/)