lunes, abril 26, 2004

¡Esta es tu vida Harvey Pekar!

Esplendor Americano es la interesantísima anti-biografía de Harvey Pekar, un argumentista de comics alternativos quien junto con Robert Crumb, Art Spiegelman y otros revolucionó el mundo de los comics en los años setenta escribiendo historietas que se alejaban del paradigma de los superhéroes, contando relatos personales que examinaban el mundo contemporáneo, la política, la cultura pop y la sexualidad.

La cinta es una anti-biografía porque no pretende ser un relato lineal ni simplista de la vida de Harvey Pekar, pues mezcla inclusive tomas del actor Paul Giamatti que hace de Pekar con secuencias documentales del Harvey Pekar real. La verdad es muy refrescante ver una biografía así porque el género tiene formulas tan gastadas, que las tramas acaban siendo bastante obvias aún y cuando están basadas en la vida real: (1) dificultades al inicio de la carrera del personaje (2) inicio de sus triunfos (3) llegada a la cima y cuestionamiento del éxito (4) crisis por el éxito obtenido y (5) colapso / muerte o supervivencia del personaje. Esplendor Americano se distingue por ser agradablemente original.

El propósito de los comics de Harvey Pekar es mostrarle a sus lectores lo interesantes que pueden ser los detalles mundanos de la vida diaria si estos se cuentan con originalidad y pasión. Esplendor Americano honra a este espíritu mostrando la singular existencia de un inconforme revolucionario de los suburbios, para quien salir de la casa todos los días y enfrentarse con el mundo requiere un silencioso pero honesto heroísmo.

miércoles, abril 14, 2004

Cualquier cosa

¿Qué le está pasando a Woody Allen? Durante años el estreno de las películas del director neoyorquino era aguardado por un grupo de devotos cinéfilos con esperanzas de ver otra divertida historia de neurosis, amores y desamores, así como de la ocasional obra maestra como Hannah y sus Hermanas o Balas sobre Broadway. Pero parecería que el pozo se ha secado, pues con la llegada de Muero por ti a nuestras salas, Allen presenta otra en una serie de películas mediocres que han plagado su carrera durante los últimos siete años, evidenciando un agotamiento creativo tanto en dirección como guionismo.

Christina Ricci (Monster) y Jason Biggs (Tu primera vez) hacen lo que pueden con el material logrando un par de carcajadas, pero a fin de cuentas no es nada que no hayamos visto antes; la predecible historia de la pareja dispareja, del muchacho neurótico e inseguro y de la vamp neurótica e hiperactiva. Es aún más alarmante la manera en la que Allen ha perdido el fino oído que tenía para los diálogos haciendo que los parlamentos de casi todos los personajes sean estilizados, como sacados de una mala película de los años cincuenta.

Muero por ti, cuenta con la dudosa distinción de al menos ser la menos mala entre las malas películas que ha hecho Allen en este último periodo. Principalmente porque cuenta con una fotografía agradable y porque él ya no actúa en el papel de galán que le venía ridículo, pero quizás ya sea tiempo de que Woody piense en tomarse unas vacaciones para recalibrar sus energías y replantear sus tramas. Unas vacaciones que después de 27 años de trabajo continuo las tiene más que merecidas.

miércoles, abril 07, 2004

La compañía

El peor error que uno puede cometer al comenzar a ver El acto, la última película de Robert Atlman, es esperar a que comience “la trama”, porque esta simple y sencillamente no existe. La cinta, un recuento de la vida y los problemas del Ballet Joffrey de Chicago y sus bailarines, más que ser una historia contada a base del desarrollo de un problema, resulta ser una serie de pequeñas viñetas que forman una estructura parecida a un sueño: bloques de imágenes sueltas las cuales nuestro inconsciente va hilando para contar algo. Resulta ser algo así como una película zen.

La técnica es efectiva porque logra que el espectador se vaya adentrando más y más a la atmósfera de la cinta y se acabe sintiendo como si de verdad hubiera vivido con todos estos personajes. Además de permitir tiempo suficiente para admirar sin obstrucciones varias secuencias de ballet moderno; verdaderas pinturas de movimiento que utilizan al cuerpo humano como materia prima.

El único bemol que le encontré a la película fue el uso de cámaras digitales en vez de celuloide, pues la imagen por momentos se ve azulosa y suave, especialmente en aquellas escenas donde la cámara está alejada de la acción principal. Una triste alternativa que se tuvo que tomar simplemente por falta de fondos, algo increíble si tomamos en cuenta que el director de El acto tiene casi cincuenta años haciendo cine, cuenta con cinco nominaciones al oscar y varias películas clásicas como MASH, El ejecutivo y Gosford Park.

Pese a este detalle técnico quizás hasta cierto punto trivial, uno no puede salir de la película sin sentir que ha visto un digno homenaje al esfuerzo y la pasión de los hombres y mujeres que se sacrifican por la danza y el arte, dominando sus músculos para realizar automáticamente dificilísimos movimientos de la manera más natural del mundo. Sin sentimentalismos ni dramas telenovelescos (que serían lo típico del género) El acto termina siendo una fuerte entrada en la obra de uno de los creadores más dinámicos y veteranos de la cinematografía internacional.

La compañía

El peor error que uno puede cometer al comenzar a ver El acto, la última película de Robert Atlman, es esperar a que comience “la trama”, porque esta simple y sencillamente no existe. La cinta, un recuento de la vida y los problemas del Ballet Joffrey de Chicago y sus bailarines, más que ser una historia contada a base del desarrollo de un problema, resulta ser una serie de pequeñas viñetas que forman una estructura parecida a un sueño: bloques de imágenes sueltas las cuales nuestro inconsciente va hilando para contar algo. Resulta ser algo así como una película zen.

La técnica es efectiva porque logra que el espectador se vaya adentrando más y más a la atmósfera de la cinta y se acabe sintiendo como si de verdad hubiera vivido con todos estos personajes. Además de permitir tiempo suficiente para admirar sin obstrucciones varias secuencias de ballet moderno; verdaderas pinturas de movimiento que utilizan al cuerpo humano como materia prima.

El único bemol que le encontré a la película fue el uso de cámaras digitales en vez de celuloide, pues la imagen por momentos se ve azulosa y suave, especialmente en aquellas escenas donde la cámara está alejada de la acción principal. Una triste alternativa que se tuvo que tomar simplemente por falta de fondos, algo increíble si tomamos en cuenta que el director de El acto tiene casi cincuenta años haciendo cine, cuenta con cinco nominaciones al oscar y varias películas clásicas como MASH, El ejecutivo y Gosford Park.
Pese a este detalle técnico quizás hasta cierto punto trivial, uno no puede salir de la película sin sentir que ha visto un digno homenaje al esfuerzo y la pasión de los hombres y mujeres que se sacrifican por la danza y el arte, dominando sus músculos para realizar automáticamente dificilísimos movimientos de la manera más natural del mundo. Sin sentimentalismos ni dramas telenovelescos (que serían lo típico del género) El acto termina siendo una fuerte entrada en la obra de uno de los creadores más dinámicos y veteranos de la cinematografía internacional.