sábado, mayo 29, 2004

Apocalipsis en Nueva York

Mi respuesta simple para los que me preguntan que tan buena o mala está El día después de mañana es la siguiente: es una película muy estúpida y muy divertida. Una cinta genérica, llena de clichés y cursilerías, filmada pensando en personas que no le ponen mucha atención a la pantalla por estar maniobrando las palomitas, y que sin embargo entretiene por tener un buen ritmo, buenos actores y efectos especiales de primer nivel. Además de tratar un tema importante, el desequilibrio ecológico, que ya debería de estarnos preocupando.

Hay una psicología muy curiosa que opera en las películas del Apocalipsis y es el hecho de que disfrutemos viendo cómo se acaba el mundo. Quizás por que inconscientemente nos da gusto que el día de mañana todas nuestras preocupaciones banales hayan desaparecido como por arte de magia y quizás porque a fin de cuentas es humano verle algo de poesía a la destrucción y el caos. Nos permiten de una manera perversa pero inocente hacer de Nerón tocando el violín mientras arde Roma, y es cierto en El día después de mañana el mundo experimenta violentos y penosos cambios de temperatura, y es difícil no exclamar lo bello que se ve Nueva York debajo del mar.

Las películas apocalípticas siempre tienen tres elementos esenciales, el drama humano que hace específica la catástrofe, la ciencia o los detalles pseudocientíficos que la provocan, y escenas del cataclismo, ya sean la destrucción de Pompeya en Los últimos días de Pompeya (1959) o el mundo en Armaggedón (1998). El día después de mañana cumple ejemplarmente con dos de estos elementos: una pseudociencia entretenida, un caos visualmente apasionante, y fracasa en el tercero la historia, tan sonza pero tan sonza (no se le puede pedir más al director de El día de la independencia y Godzilla) que me lleva a recomendarles dejar el cerebro a la entrada del cine y disfrutar visceralmente todo lo demás.

viernes, mayo 21, 2004

Cannes 2004

Una vez al año, los divos, divas, críticos y humildes artesanos del séptimo arte se reúnen en una de las playas más feas del mundo: rocosa, pequeña, cara y con pocos atractivos fuera de temporada para participar en el Festival Internacional de Cine de Cannes. Aunque en el fondo es un lugar para cerrar tratos y conseguir dinero, es un festival importante porque de ahí se han lanzado varios movimientos significativos del cine como la Nueva ola Francesa. Ahí se estrenaron Los cuatrocientos golpes de Truffaut, La aventura de Antonioni y Apocalipsis ahora de Coppola, quien en la conferencia de prensa dijo célebremente “!Mi película se trata de Vietnam, mi película es Vietnam¡” por las imposibles condiciones en las que fue rodada.

Soy ateo en cuanto a galardones de cine respecta. Creo que por lo general son más premios de popularidad que valoraciones artísticas útiles. Pero Cannes ocupa un cachito especial en mi corazón por ser un evento tan eminentemente europeo y totalmente informal. Mientras que los oscares proceden casi como un evento religioso del medioevo, Cannes actúa más bien como una especie de circo, donde los participantes además de asistir a funciones de cine, llegan a insultarse, batirse a duelo y anunciar revoluciones sociales, como pasó en 1968 cuando se cerró el festival en solidaridad con la huelga estudiantil. Es un festival de gente apasionada no de monitos de cartón.

El proceso de selección es preferible al Oscar creo yo porque al menos se presume que todos los miembros del jurado han visto todas las películas, cosa que no sucede en los premios de la academia, y la elección ocurre después de largos debates que a veces acaban a golpes. Este año el presidente del jurado es Quentin Tarantino (ganador de la Palma de oro en 1994 por Pulp Fiction) y ya corren los rumores de fricciones con otros de los jueces, menos ávidos a la cultura pop.

En esta edición Cannes cuenta con una selección muy interesante, con el polémico documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore (Masacre en Columbine) como favorito, y The Motorcicle Diaries sobre Che Guevara, la cual sobresale por representa a México indirectamente pues cuenta con Gael García Bernal como protagonista.

miércoles, mayo 05, 2004

Zapata The Movie

Tenía mucho tiempo de no ver una película tan pero tan pero tan pero tan mala como Zapata. No sólo mala, sino además ridícula, pésimamente actuada, pésimamente dirigida y con un guión pésimo, la trifecta malévola.

Estructuralmente, Zapata es un desastre por contar con un guión de lo más inepto (escrito por su director Alfonso Arau), incapaz de establecer las motivaciones de algo, lo que sea, de lo que ocurre en pantalla, así como de narrar de manera hilada y lógica los eventos de la vida del personaje. Parece como si la base del guión hubiese partido de un resumen de estampitas de primaria sobre la vida Zapata, porque es así de amateur.

Ridículos y deprimentes son también todos los intentos de justificar las acciones del morelense mediante el misticismo indígena que aquí parece sacado de una mala película de ciencia ficción, inclusive copiándose una escena de La guerra de las galaxias. Recurso literario que nos conduce a la pregunta obvia: ¿si Zapata tuvo los poderes sobrenaturales que Arau le atribuye, por qué su “espíritu místico” permitió que se rodara esta mafufada, que es al Zapata real lo que el Taco Bell es a la comida mexicana?

Las actuaciones, salvo la de Jesús Ochoa (espléndido y divertido pese a todo), son uniformemente repugnantes, destacando por supuesto la de Alejandro Fernández, quien con sus ojos asustadizos parece estar pensando en cada escena “Dios santo, espero que no se den cuenta de que no sé actuar”. Sólo se le perdona un poco el hecho de tener la titánica tarea de interpretar un papel tan frankenstoide y esquizofrénico que resulta por partes iguales: el Zapata Latin Lover, el Zapata Gandhi, el Zapata místico, el Zapata jedi, el Zapata Tizoc y el Zapata San Francisco de Asís capaz de hablar con los animales.

En lo personal, he visto pastorelas más entretenidas y creíbles que esta bazofia inepta que provoca risa, y que ni ilumina ni entretiene. Arau dice que esta es la historia tal cual se la contaron los chamanes de Morelos, y uno se pregunta si no habrá recogido, además de leyendas, algún psicotrópico en ese estado, manera única de explicar cómo le salió este producto tan desequilibrado y falso. Llamar a esta película espantosamente ridícula es hacerle un gran favor.