El día que me dio clases Hitler
Cada tres o cuatro semanas tengo un sueño absolutamente bizarro. Me despierto y es tan extraño que me tardo un poco en procesar la realidad de estar consciente. Hace como tres semanas soñé que estaba en una expedición por la India y que en la plaza de un mercado (creo que inspirado por Kim, la novela de Kipling), aparecía un chango gigante albino que nos perseguía, y que a todos los indios que vendían cosas en el mercado transformaba a su vez en pequeños changuitos albinos. Hoy/ayer, soñé que Hitler me daba clases de preparatoria.
Me encontré en el sitio de siempre, en el viejo salón, en la última fila, en el último banco, como fue mi costumbre casi toda la preparatoria. A mi lado está Carlos Hurtado, uno de mis mejores amigos. Le estoy contando a él y a cualquiera que quiera escucharme, del efecto Humphrey Bogart. De cómo hay muchas personas que quieren poner un restaurante para ser como Bogart en Casablanca, y pasarse todo el tiempo jugando ajedrez, tomando alcohol, etc., pero que no saben que en la realidad, tener un restaurante está lleno de complicaciones y penurias. En ese instante, Hitler entra al salón.
La verdad es que el líder nazi no es muy imponente; chaparrito, viene vestido de kaki, con un sombrero de tirol verde en la cabeza. Lo viene siguiendo un muchacho con una cadena al cuello, el cual asumimos es una especie de traductor/esclavo personal.
¿Les mencioné que la acción se sitúa en la Italia ocupada? No se por qué del detalle anacrónico pero así era.
Yo por mi parte estoy leyendo un libro que se llama algo así como "El reich de mil años", que tiene la misma portada negra con la esvástica en el centro, de "La derrota y caída del tercer reich" del periodista William L. Shirer. Por un instante me pregunto por qué "El reich de mil años" tiene la misma portada de "La derrota y caída del tercer reich"
Hitler empieza a dar la clase - en alemán - el cual naturalmente, ninguno de nosotros habla - y el muchachito va traduciendo, muy bajito, en italiano o francés o árabe algo que ninguno de nosotros (mexicanos) entiende.
"Es inaudito" le digo a mi amigo Carlos "¿Hitler nos va a dar clases?". Lo digo con la misma indignación que me daba cuando me tocaba un mal maestro o cuando nos enseñaban algún concepto idiota. Ese tonito que suele ser acompañado con la frase ¿Para esto me levanté? "¿No nos da vergüenza que nos intente indoctrinar este dictador?"
Hitler comienza a dibujar un mapa en el pizarrón. Todos entendemos de alguna forma que está tratando de explicar que en Alemania ya no quedaba espacio, y que por eso tuvieron que invadir Europa. Lo cual me parece una completa burrada.
"¿Y por qué no nos revelamos?" le digo a Carlos "Después de todo ya sabemos que Alemania va a perder la guerra. No corremos ningún peligro que nos encierren. En mi libro viene cómo acaba todo. ¿Qué tenemos que perder?, a fin de cuentas el tipo se acaba suicidando en su búnker."
"Ya mano, nos vas a meter en problemas" me responde Carlos, como queriendo decir, si nos esperamos unos minutos se acaba la clase y seremos libres.
Yo no me puedo contener. Me paro en mi sitio y le hago una pregunta insultante a Hitler. El me mira muy confundido. Quizás no está acostumbrado a que le hagan preguntas. Quizás no entiende el español. Hitler comienza a intentar responderme, balbuceando. Yo me siento - "Mire Sr. Hitler, si usted no sabe la respuesta entonces dígalo, no me tiene que estar inventando cosas".
Hitler sigue con lo suyo y yo en lo mío.
Me levanto. Vuelvo a decir cosas para interrumpir la clase, intentando, de refilón que el resto del salón se subleve. No hay ni guardias ni nada. Hitler no parece prestarme mucha atención.
"Esto requiere medidas drásticas" pienso, mientras tiro un banco estrepitosamente contra el suelo.
Hitler se da media vuelta y se queda pasmado.
Tiro otro banco contra el suelo, grito. Hago como loco. Es un poco como esa escena en ET donde Eliott libera a las ranas. Poco a poco mis letárgicos compañeros se despiertan, se levantan y comienzan a hacer lo suyo. A tirar bancos, romper ventanas, destrozar el pizarrón. Yo comienzo a cantar La Marsellesa (como en Casablanca), y las partes que no me sé las tarareo. Otros me acompañan.
Hitler se queda inmóvil. Evidentemente su gran experimento de indoctrinación ha fracasado. No es tan buen maestro como él pensaba.
La turba sale. Nos quedamos en el salón Hitler y yo. El parado en su sitio, y yo entre las ruinas de pupitres.
Hitler intenta escapar. Yo lo inmovilizo por la espalda, con mis brazos encadenados a los suyos contra su nuca. No cuesta mucho trabajo. Es un hombre muy pequeño y debilucho. Así salgo a las calles italianas, con el villano en mano.
Primero veo grupúsculos de gentes, sobretodo mujeres ancianas con pañoletas, y viejos hombres asustados. Grito "¡der juden, der juden!" porque tengo el maquiavélico plan de hacer que atrapen a Hitler, confundiéndolo con un judío, para que lo metan a uno de sus propios hornos en un campo de concentración, pero nadie me hace caso.
Me encontré en el sitio de siempre, en el viejo salón, en la última fila, en el último banco, como fue mi costumbre casi toda la preparatoria. A mi lado está Carlos Hurtado, uno de mis mejores amigos. Le estoy contando a él y a cualquiera que quiera escucharme, del efecto Humphrey Bogart. De cómo hay muchas personas que quieren poner un restaurante para ser como Bogart en Casablanca, y pasarse todo el tiempo jugando ajedrez, tomando alcohol, etc., pero que no saben que en la realidad, tener un restaurante está lleno de complicaciones y penurias. En ese instante, Hitler entra al salón.
La verdad es que el líder nazi no es muy imponente; chaparrito, viene vestido de kaki, con un sombrero de tirol verde en la cabeza. Lo viene siguiendo un muchacho con una cadena al cuello, el cual asumimos es una especie de traductor/esclavo personal.
¿Les mencioné que la acción se sitúa en la Italia ocupada? No se por qué del detalle anacrónico pero así era.
Yo por mi parte estoy leyendo un libro que se llama algo así como "El reich de mil años", que tiene la misma portada negra con la esvástica en el centro, de "La derrota y caída del tercer reich" del periodista William L. Shirer. Por un instante me pregunto por qué "El reich de mil años" tiene la misma portada de "La derrota y caída del tercer reich"
Hitler empieza a dar la clase - en alemán - el cual naturalmente, ninguno de nosotros habla - y el muchachito va traduciendo, muy bajito, en italiano o francés o árabe algo que ninguno de nosotros (mexicanos) entiende.
"Es inaudito" le digo a mi amigo Carlos "¿Hitler nos va a dar clases?". Lo digo con la misma indignación que me daba cuando me tocaba un mal maestro o cuando nos enseñaban algún concepto idiota. Ese tonito que suele ser acompañado con la frase ¿Para esto me levanté? "¿No nos da vergüenza que nos intente indoctrinar este dictador?"
Hitler comienza a dibujar un mapa en el pizarrón. Todos entendemos de alguna forma que está tratando de explicar que en Alemania ya no quedaba espacio, y que por eso tuvieron que invadir Europa. Lo cual me parece una completa burrada.
"¿Y por qué no nos revelamos?" le digo a Carlos "Después de todo ya sabemos que Alemania va a perder la guerra. No corremos ningún peligro que nos encierren. En mi libro viene cómo acaba todo. ¿Qué tenemos que perder?, a fin de cuentas el tipo se acaba suicidando en su búnker."
"Ya mano, nos vas a meter en problemas" me responde Carlos, como queriendo decir, si nos esperamos unos minutos se acaba la clase y seremos libres.
Yo no me puedo contener. Me paro en mi sitio y le hago una pregunta insultante a Hitler. El me mira muy confundido. Quizás no está acostumbrado a que le hagan preguntas. Quizás no entiende el español. Hitler comienza a intentar responderme, balbuceando. Yo me siento - "Mire Sr. Hitler, si usted no sabe la respuesta entonces dígalo, no me tiene que estar inventando cosas".
Hitler sigue con lo suyo y yo en lo mío.
Me levanto. Vuelvo a decir cosas para interrumpir la clase, intentando, de refilón que el resto del salón se subleve. No hay ni guardias ni nada. Hitler no parece prestarme mucha atención.
"Esto requiere medidas drásticas" pienso, mientras tiro un banco estrepitosamente contra el suelo.
Hitler se da media vuelta y se queda pasmado.
Tiro otro banco contra el suelo, grito. Hago como loco. Es un poco como esa escena en ET donde Eliott libera a las ranas. Poco a poco mis letárgicos compañeros se despiertan, se levantan y comienzan a hacer lo suyo. A tirar bancos, romper ventanas, destrozar el pizarrón. Yo comienzo a cantar La Marsellesa (como en Casablanca), y las partes que no me sé las tarareo. Otros me acompañan.
Hitler se queda inmóvil. Evidentemente su gran experimento de indoctrinación ha fracasado. No es tan buen maestro como él pensaba.
La turba sale. Nos quedamos en el salón Hitler y yo. El parado en su sitio, y yo entre las ruinas de pupitres.
Hitler intenta escapar. Yo lo inmovilizo por la espalda, con mis brazos encadenados a los suyos contra su nuca. No cuesta mucho trabajo. Es un hombre muy pequeño y debilucho. Así salgo a las calles italianas, con el villano en mano.
Primero veo grupúsculos de gentes, sobretodo mujeres ancianas con pañoletas, y viejos hombres asustados. Grito "¡der juden, der juden!" porque tengo el maquiavélico plan de hacer que atrapen a Hitler, confundiéndolo con un judío, para que lo metan a uno de sus propios hornos en un campo de concentración, pero nadie me hace caso.
Entonces grito ¡politzía, politzía!, esperando que lo metan a la cárcel, pero el único policía que veo no se atreve a acercarse.
El policía me extraña porque está vestido con un chaleco verde y un sombrero negro alto, más apropiado para los tiempos de Garibaldi que para el 2007.
Hitler no se mueve, es como cargar un costal de papas que solloza.
El viejo policía del chaleco verde y las largas barbas sale de cuadro. Es más nadie me está poniendo atención. La calle se ha quedado desierta. Aún y cuando yo he estado gritando a todo volumen po-lit-zia, co-la-bo-ra-cio-nista y (algo así como) ¡Italia, despierta, aquí está el verdugo que te hizo caer a tus pies! Una y otra vez.
Grito y grito durante lo que parecen horas. La garganta me arde de tanto gritar. Comienzo a desesperarme. Me entra el pánico. Dónde voy a poner a este sujeto. Me estoy cansando. Hasta que finalmente mis brazos ya no pueden más con él y Hitler huye. Lo veo a la distancia, perdiéndose en la neblina de las catacumbas.
Me despierto.
No entiendo lo que está pasando. Intento recordar. Hitler, etc. ¿Era un sueño? Pero siento que me duele la garganta y los oídos. Es de tanto gritar "politzía".
Grito y grito durante lo que parecen horas. La garganta me arde de tanto gritar. Comienzo a desesperarme. Me entra el pánico. Dónde voy a poner a este sujeto. Me estoy cansando. Hasta que finalmente mis brazos ya no pueden más con él y Hitler huye. Lo veo a la distancia, perdiéndose en la neblina de las catacumbas.
Me despierto.
No entiendo lo que está pasando. Intento recordar. Hitler, etc. ¿Era un sueño? Pero siento que me duele la garganta y los oídos. Es de tanto gritar "politzía".


2 comentarios:
En realidad es muy extraño encontrar gente que lleve un diario de sus sueños, yo llevaba una cuenta y registro de ellos porque así como el sueño de Hitler...he tenido algunos... igual lo que uno se pregunta siempre, es cómo puede soñar uno esas cosas y de donde saca la imaginación para unirlas... no? Al menos no soñamos que volamos como todos los demás...
Hola, si les interesa pueden visitar http://www.diariodesuenos.kuhne.cl/
es un sitio de sueños donde cualquiera puede llevar un diario. Lo interesante es que ademas las personas los comentan y eso ayuda a darles significado.
Saludos
W.
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