No se por qué mi cabeza funciona así, pero así funciona
La semana pasada, muy de repente, quien sabe de como, recordé la tonadita de una pieza que no pude identificar. Un sonido de violines que iniciaba diminuto, y que crecía y crecía y crecía, como unos enamorados que tras pasar muchas penalidades, finalmente se encuentran y se besan, o como un sol en medio del Pacífico, que después del trajín del día, despide sus últimos rayos antes de meterse en el horizonte, o como Gene Kelly arrastrando plácidamente a Syd Charisse en Singin’ in the Rain, en ese número con el bestido blanco enorme.
Algo así.
¿Pero cómo demonios se llamaba la pieza?
“Es algo como Gershwin” pensé, porque al fondo se escuchaba quizás un piano, “o quizás algo como de Tchaikovsky”, porque los violines sonaban a tchaikovskianos.
Pero nada.
Es de lo más desesperante tener una tonadita pegada sin saber qué es, porque resulta algo tan abstracto, que la única forma de describirlo es silbando. Y aún así la gente te puede tirar de loco.
Así me fuí pasando como dos o tres horas buscando en vano. Buscando y buscando. Me metí a Midomi, que es un servicio al que le tarareas o silbas una canción, y te dice qué es, pero sin éxito (aunque sí reconoció Rapsodia en Azul de Gershwin). También busqué en otro sitio (que no pude volver a localizar para incluirlo aquí), donde tocabas la melodía en un tecladito virtual, y te identificaba opciones potenciales de entre muchas partituras de múscia clásica.
Ya finalmente tuve que dejar el asunto por la paz, aunque con migraña porque tenía el sonsonete de doce o catorce notas atorado en la cabeza, pero pues nimodo. “Algunas cosas tienen que quedarse en el misterio” pensé.
Luego ayer en la regadera, por alguna razón, sin proponérmelo me llegó a la cabeza la misma pieza, un poco más completa, pero además con una voz de un actor negro que algo estaba narrando. Como si estuviera describiendo justamente el momento de los enamorados que se juntan y se besan tras una larga travesía.
Así se me vino el flachazo.
Más que música clásica, tenía que ser la música de una película. Tendría que ser It Could Happen to You (una insípida película con Bridget Fonda y Nicholas Cage, narrada por Isaac Hayes) o The Hudsucker Proxy de los hermanos Cohen (narrada por Bill Cobbs) o Brazil, aunque de esa no me acordaba ningún narrador.
Resultó ser The Hudsucker Proxy:
Pero no solo eso, si no que, además, originalmente la música es de Espartaco, un ballet del compositor Soviético-Armenio Aram Khachaturian:
Khachaturian, por cierto, todo el mundo lo debe de conocer por su “Danza de los Sables”:
Además de por el Adagio de Gayaneh, que sale tanto en 2001 como en Alien:
Mi cabeza descansa.