Elgar contra los Muppets

En la última edición del programa “Desert Island Discs”, el comediante David Mitchell habló de las 8 composiciones que él esperaría tener si naufragara en isla desierta. La mecánica del programa (¡que ha sido transmitido ininterrumpido por la BBC desde 1942!) es que el invitado habla brevemente de cada selección, de la cual se tocan extractos, y al final se le pregunta cual de las 8 piezas es su favorita. Mitchell dijo que originalmente iba a escoger el Concierto para Violonchelo de Elgar tocado por Jacqueline Du Pre como la selección indispensable, pero que después de escuchar el extracto decidió que prefería Rainbow Connection (su otra selección), cantada por Kermit de los Muppets. Pues si estuviera en una isla desierta, con esa canción, por lo menos tendría la esperanza de ser rescatado.
David Mitchell en Desert Island Discs # BBC

Musica nueva en el playlist

Mothertongue de Nico Muhly

Tres de mis grandes broncas con la música clásica moderna son: primero cuando se basa exclusivamente en disonancias, que hacen que te duela la cabeza; segundo cuando tiende a lo etéreo (repetición de lo que hace Ligeti en 2001) cosa medio sencilla si se usan puros coros; y tercero cuando su carácter es neurótico y carente de humor. Tres cosas que por fortuna no agobian al jovencisimo compositor Nico Muhly de 28 años. Muhly ha sido productor de Björk, ha compuesto música para películas, y tiene dos discos de música clásica – además de haber sido comisionado una ópera por el MET de Nueva York. Hasta la fecha su música no es tremendamente innovadora, pero promete mucho, porque los recursos modernistas como las repeticiones de Philip Glass, el uso de samples, y la integración de sonidos de la vida diaria, los usa con destreza. Además del uso del humor y la parodia, que te dejan espacio para respirar. Por demasiado tiempo el sonido de la música clásica contemporánea ha parecido el soundtrack de un siglo XX torturado y perdido en el abismo existencial. Muhly va por otro camino.

Nico Muhly # Sitio Oficial

Nico Muhly # Wikipedia

The Spy Who Came In From The Cold

Estoy esperando que alguien suba a YouTube la secuencia de créditos de “The Spy Who Came In From The Cold”, pues recién cometí la glotonería cinematográfica de comprar la película en la versión de Criterion (más bien por los extras que por el transfer – la copia de Paramount estaba bastante buena), y no puedo dejar de ver el inicio repetidas veces. Es lo más sencillo del mundo, una toma ininterrumpida en movimiento del Muro de Berlín, en blanco y negro, con el tema de la película tocando de fondo. Pero en esa toma está toda la película. La melancolía de los personjes, lo gris de sus vidas, lo estático, lo desolador. Y hay algo tan táctil en la imagen, tan abstracto, es de esos momentos en que el cine se convierte en pintura.

The Spy Who Came In From The Cold # Corto

Cuando llegue la revolución, Jesucristo estará en la esquina de Lennox Ave. y 125 tratando de pescar el primer taxi pirata fuera de Harlem

When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes some of us will probably catch it on TV, with chicken hanging from our mouths. You’ll know its revolution cause there won’t be no commercials
When the revolution comes

When the revolution comes
Preacher pimps are gonna split the scene with the communion wine stuck in their back pockets
Faggots won’t be so funny then and all the junkies will quit their noddin’ and wake up When the revolution comes

When the revolution comes
Transit cops will be crushed by the trains after losing their guns and blood will run through the streets of Harlem drowning anything without substance
When the revolution comes

When the revolution comes
When the revolution comes
Our pearly white teeth froth the mouths that speak of revolution without reverence
The cost of revolution is 360 degrees understand the cycle that never ends
Understand the beginning to be the end and nothing is in between but space and time that I make or you make to relate or not to relate to the world outside my mind your mind. Speak not of revolution until you are willing to eat rats to survive

When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes; guns and rifles will be taking the place of poems and essays. Black cultural centers will forts supplying the revolutionaries with food and arms when the revolution comes

When the revolution comes
White death will froth the walls of museums and churches breaking the lies that enslaved our mothers when the revolution comes

When the revolution comes
Jesus Christ is gonna be standing on the corner of Lennox Ave and 125th St trying to catch the first gypsy cab out of Harlem, when the revolution comes

When the revolution comes
Jew merchants will give away motza balls and gifilka fish to anyone they see with afros. Frank Shieffin will give away the Apollo to the first person he sees wearing a blue dashiki, when the revolution comes

When the revolution comes afros gone be trying to straighten their heads and straightened heads gone be tryin to wear afros

When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes
But until then you know and I know niggers will party and bullshit and party and bullshit and party and bullshit and party and bullshit and party…

Some might even die before the revolution comes

No se por qué mi cabeza funciona así, pero así funciona

La semana pasada, muy de repente, quien sabe de como, recordé la tonadita de una pieza que no pude identificar. Un sonido de violines que iniciaba diminuto, y que crecía y crecía y crecía, como unos enamorados que tras pasar muchas penalidades, finalmente se encuentran y se besan, o como un sol en medio del Pacífico, que después del trajín del día, despide sus últimos rayos antes de meterse en el horizonte, o como Gene Kelly arrastrando plácidamente a Syd Charisse en Singin’ in the Rain, en ese número con el bestido blanco enorme.

Algo así.

¿Pero cómo demonios se llamaba la pieza?

“Es algo como Gershwin” pensé, porque al fondo se escuchaba quizás un piano, “o quizás algo como de Tchaikovsky”, porque los violines sonaban a tchaikovskianos.

Pero nada.

Es de lo más desesperante tener una tonadita pegada sin saber qué es, porque resulta algo tan abstracto, que la única forma de describirlo es silbando. Y aún así la gente te puede tirar de loco.

Así me fuí pasando como dos o tres horas buscando en vano. Buscando y buscando. Me metí a Midomi, que es un servicio al que le tarareas o silbas una canción, y te dice qué es, pero sin éxito (aunque sí reconoció Rapsodia en Azul de Gershwin). También busqué en otro sitio (que no pude volver a localizar para incluirlo aquí), donde tocabas la melodía en un tecladito virtual, y te identificaba opciones potenciales de entre muchas partituras de múscia clásica.

Ya finalmente tuve que dejar el asunto por la paz, aunque con migraña porque tenía el sonsonete de doce o catorce notas atorado en la cabeza, pero pues nimodo. “Algunas cosas tienen que quedarse en el misterio” pensé.

Luego ayer en la regadera, por alguna razón, sin proponérmelo me llegó a la cabeza la misma pieza, un poco más completa, pero además con una voz de un actor negro que algo estaba narrando. Como si estuviera describiendo justamente el momento de los enamorados que se juntan y se besan tras una larga travesía.

Así se me vino el flachazo.

Más que música clásica, tenía que ser la música de una película. Tendría que ser It Could Happen to You (una insípida película con Bridget Fonda y Nicholas Cage, narrada por Isaac Hayes) o The Hudsucker Proxy de los hermanos Cohen (narrada por Bill Cobbs) o Brazil, aunque de esa no me acordaba ningún narrador.

Resultó ser The Hudsucker Proxy:

Pero no solo eso, si no que, además, originalmente la música es de Espartaco, un ballet del compositor Soviético-Armenio Aram Khachaturian:

Khachaturian, por cierto, todo el mundo lo debe de conocer por su “Danza de los Sables”:

Además de por el Adagio de Gayaneh, que sale tanto en 2001 como en Alien:

Mi cabeza descansa.