“Sin tetas no hay paraíso” es una serie de televisión de Colombia realizada por Canal Caracol, basada en el libro homónimo de Gustavo Bolívar. Se trasmitió en el año 2006 y durante la emisión de su último capítulo, consiguió batir el récord de audiencia del país.
El programa transcurre en un humilde barrio de la ciudad de Pereira, al cual llegan narcotraficantes para ofrecer dinero a mujeres a cambio de favores sexuales. Relata la historia de Catalina (María Adelaida Puerta), una joven de 17 años quien desea conseguir los recursos económicos para hacerse una operación de implantes de silicon en el pecho. Un aditamento indispensable para poder ofrecer sus favores a la mafia y tener acceso a su dinero; sin importar las consecuencias físicas o morales de sus actos.
La serie ganó 7 Premios India Catalina en marzo de 2007 y 2 premios TV y Novelas (mejor serie nacional y mejor banda sonora, por Agujero), en abril del mismo año.
Canal Telecinco de España estrenó su propia versión en enero de 2008.
Una panagrama es una oración que contiene todas las letras utilizadas en un idioma; la cual se usa para examinar tipografías. En el español encontramos:
El pingüino Wenceslao hizo kilómetros bajo exhaustiva lluvia y frío, añoraba a su querido cachorro.
Fabio me exige, sin tapujos, que añada cerveza al whisky.
La cigüeña tocaba cada vez mejor el saxofón y el búho pedía kiwi y queso.
El cadáver de Wamba, rey godo de España, fue exhumado y trasladado en una caja de zinc que pesó un kilo.
En inglés existe un panagrama muy recurrido que dice: The quick brown fox jumps over the lazy dog (La rápida zorra café, salta sobre el perro flojo).
When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes some of us will probably catch it on TV, with chicken hanging from our mouths. You’ll know its revolution cause there won’t be no commercials
When the revolution comes
When the revolution comes
Preacher pimps are gonna split the scene with the communion wine stuck in their back pockets
Faggots won’t be so funny then and all the junkies will quit their noddin’ and wake up When the revolution comes
When the revolution comes
Transit cops will be crushed by the trains after losing their guns and blood will run through the streets of Harlem drowning anything without substance
When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes
Our pearly white teeth froth the mouths that speak of revolution without reverence
The cost of revolution is 360 degrees understand the cycle that never ends
Understand the beginning to be the end and nothing is in between but space and time that I make or you make to relate or not to relate to the world outside my mind your mind. Speak not of revolution until you are willing to eat rats to survive
When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes; guns and rifles will be taking the place of poems and essays. Black cultural centers will forts supplying the revolutionaries with food and arms when the revolution comes
When the revolution comes
White death will froth the walls of museums and churches breaking the lies that enslaved our mothers when the revolution comes
When the revolution comes
Jesus Christ is gonna be standing on the corner of Lennox Ave and 125th St trying to catch the first gypsy cab out of Harlem, when the revolution comes
When the revolution comes
Jew merchants will give away motza balls and gifilka fish to anyone they see with afros. Frank Shieffin will give away the Apollo to the first person he sees wearing a blue dashiki, when the revolution comes
When the revolution comes afros gone be trying to straighten their heads and straightened heads gone be tryin to wear afros
When the revolution comes
When the revolution comes
When the revolution comes
But until then you know and I know niggers will party and bullshit and party and bullshit and party and bullshit and party and bullshit and party…
Creo que este es uno de los momentos más emotivos del Ciudadano Kane, donde Bernstein, su asistente más cercano, relata como vió a una muchacha en su juventud por un instante, a la cual no ha podido olvidar.
“A fellow will remember a lot of things you wouldn’t think he’d remember. You take me. One day, back in 1896, I was crossing over to Jersey on the ferry, and as we pulled out, there was another ferry pulling in, and on it there was a girl waiting to get off. A white dress she had on. She was carrying a white parasol. I only saw her for one second. She didn’t see me at all, but I’ll bet a month hasn’t gone by since that I haven’t thought of that girl.”
A continuación hablo un poco (bastante poco) del final de la película Fight Club, así que si no la has visto, y no quieres saber cómo termina, saltate este post.
Hoy, leyendo de nuevo como todo se está colapsando en el mundo financiero, y hablando con varios amigos (entre economistas, corredores de bienes raíces, e ingenieros en empresas de manufactura en México), se me viene a la cabeza la imagen final de la película Fight Club como bastante apropiada para lo que está sucediendo.
En la película Tyler Durden y Marla Singer, observan cómo se colapsan los edificios de los bancos más importantes que emiten tarjetas de crédito en el mundo. Es nihilista, conmovedor y aterrador todo al mismo tiempo.
La semana pasada, muy de repente, quien sabe de como, recordé la tonadita de una pieza que no pude identificar. Un sonido de violines que iniciaba diminuto, y que crecía y crecía y crecía, como unos enamorados que tras pasar muchas penalidades, finalmente se encuentran y se besan, o como un sol en medio del Pacífico, que después del trajín del día, despide sus últimos rayos antes de meterse en el horizonte, o como Gene Kelly arrastrando plácidamente a Syd Charisse en Singin’ in the Rain, en ese número con el bestido blanco enorme.
Algo así.
¿Pero cómo demonios se llamaba la pieza?
“Es algo como Gershwin” pensé, porque al fondo se escuchaba quizás un piano, “o quizás algo como de Tchaikovsky”, porque los violines sonaban a tchaikovskianos.
Pero nada.
Es de lo más desesperante tener una tonadita pegada sin saber qué es, porque resulta algo tan abstracto, que la única forma de describirlo es silbando. Y aún así la gente te puede tirar de loco.
Así me fuí pasando como dos o tres horas buscando en vano. Buscando y buscando. Me metí a Midomi, que es un servicio al que le tarareas o silbas una canción, y te dice qué es, pero sin éxito (aunque sí reconoció Rapsodia en Azul de Gershwin). También busqué en otro sitio (que no pude volver a localizar para incluirlo aquí), donde tocabas la melodía en un tecladito virtual, y te identificaba opciones potenciales de entre muchas partituras de múscia clásica.
Ya finalmente tuve que dejar el asunto por la paz, aunque con migraña porque tenía el sonsonete de doce o catorce notas atorado en la cabeza, pero pues nimodo. “Algunas cosas tienen que quedarse en el misterio” pensé.
Luego ayer en la regadera, por alguna razón, sin proponérmelo me llegó a la cabeza la misma pieza, un poco más completa, pero además con una voz de un actor negro que algo estaba narrando. Como si estuviera describiendo justamente el momento de los enamorados que se juntan y se besan tras una larga travesía.
Así se me vino el flachazo.
Más que música clásica, tenía que ser la música de una película. Tendría que ser It Could Happen to You (una insípida película con Bridget Fonda y Nicholas Cage, narrada por Isaac Hayes) o The Hudsucker Proxy de los hermanos Cohen (narrada por Bill Cobbs) o Brazil, aunque de esa no me acordaba ningún narrador.
Resultó ser The Hudsucker Proxy:
Pero no solo eso, si no que, además, originalmente la música es de Espartaco, un ballet del compositor Soviético-Armenio Aram Khachaturian:
Khachaturian, por cierto, todo el mundo lo debe de conocer por su “Danza de los Sables”:
Además de por el Adagio de Gayaneh, que sale tanto en 2001 como en Alien: