1968

algún tiempo, ¿verdad? Allí se le veía más joven…”.

Les cuento esta historia porque ilustra bastante bien la ambigüedad (al mismo tiempo que la ubicuidad) de Antoine Doinel, ese personaje imaginario que resulta ser la síntesis de dos personas reales, Jean-Pierre Léaud y yo.

También podría citar al vendedor de periódicos de la calle Marbeuf, que me dijo el otro día: “¡Hombre!, he visto a su hijo esta mañana. -¿A mi hijo?- Sí, al joven actor”.

Febrero de 1971
Prefacio de las Aventures d'Antoine Doinel
Éditions Mercure de France

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